
LAS VACAS GORDAS Y LAS VACAS FLACAS
Cuando uno lleva tiempo pisando el césped de la vida, se le ocurre pensar que hay cosas que ya ha vivido antes, que se repiten como los sumarios de los telediarios, y que a veces hartan de tanto oírlos y de que no digan nada nuevo, y que las soluciones no lleguen.
Cuando uno lleva tiempo pisando el césped de la vida, se le ocurre pensar que hay cosas que ya ha vivido antes, que se repiten como los sumarios de los telediarios, y que a veces hartan de tanto oírlos y de que no digan nada nuevo, y que las soluciones no lleguen.
Esto lo digo porque con la situación que nos repiten en estos días los medios y el “susto” de la gente, parece no “llegarnos la camisa al cuerpo”, porque a ver si nos enteramos de una puñetera vez: “estamos en crisis económica”, así de sencillo. Me palpo los bolsillos, y claro la conclusión es inmediata: ¡no tengo un euro!, debe ser este el síndrome del que tanto hablan. Pero al mismo tiempo hablan de que fulano de tal o mengano de cual, está siendo juzgado porque se apropió -eso sí, presuntamente- del dinero de los demás, y de que los países del mundo desarrollado, de los ricos, lloran diariamente la pobreza de los países pobres, valga la redundancia, de los que forman la conciencia de los que se sientan a ver y oír los resúmenes de la TV.
Esto me suena a que hace muchos siglos alguien relato un cuento de vacas flacas y de vacas gordas, que se repetía cada ciclo de siete años, y de que unos metieron una copa de oro en el saco de un hermano bueno, para que le acusaran de ser un ladrón de pobres.
Es hora de cambiar, y de no decir "pero mira que ca…, es ese tío, quitarles el pan a los pobres, y lo sinvergüenza y pu… que es su mujer, que se gasta en tal y cual o aparece en esa revista de moda" y sentir íntimamente una envidia total por no haber tenido la oportunidad de hacer lo mismo. Porque después de un tiempo ya nadie se acuerda de ti. ¿Acaso alguien cree que Mario Conde, Ruiz Mateos o los Albertos, etc.… están arruinados?, lo que pasa es que ya nadie habla de ellos, han pagado su cuota y ¡a vivir que son dos días! Y a continuación darnos besos porque pertenecemos a tal o cual ONG, a un grupito defensor del medioambiente, como única oportunidad que hemos tenido para patalear con algo de convicción, contra el aguijón.
No hay que dar patadas al aguijón, es necesario cambiar los fundamentos, empezando por los medios de comunicación. Pero es tan difícil, que dudo se pueda alimentar a tantos que pasan hambre solamente cambiando los telediarios. Solamente el día que se pueda hacer sopa con el agua del mar y como pasta se pueda poner la tierra que no se cultiva, ese día alguien no pasará hambre, y habrá menos poderosos en la tierra, y digo yo ¡SI NO SE LO PUEDEN LLEVAR!, por qué acumulan tanto, y me respondo: por SOBERBIA, POR PODER, porque no creen en Dios pero quieren ser como Él.
Ayer estuve como asistente a un performance poético, de mi hija Gracia Iglesias, me pareció magnífico, interesante y disfruté. Pero como el acto era gratuito, patrocinado por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, en el Café Teatro Blas de Otero, la asistencia fue bastante discreta, por no decir que pobre. Si esto mismo lo hubiera patrocinado un magnate del mundo financiero no habría cabido la gente en ese teatrito y ni siquiera en el un pabellón deportivo. ¿Dónde está la diferencia? En el poder. En introducir la copa de oro en el saco, para que todo esté controlado.
No quiero parecer deprimido, pero quiero manifestar con esto que no hay nada nuevo en el paso del tiempo, ayer volví a soñar con vacas flacas y vacas gordas, eran las mismas vacas que cuando yo tenía siete años y me comía un bocadillo delante de un niño que me miraba sorprendido de mi suerte.