miércoles, 9 de abril de 2008

VOLVER A NACER


Hay tantas posibilidades de equivocarnos, tantas ocasiones de ser engañados por otros y de engañarnos nosotros mismos, que alguna vez hemos tenido la ocasión de pronunciar o de oír decir: “si volviera a nacer, con la experiencia que tengo…”

Qué equivocado puedo estar, porque si esto fuera así, me he imaginado como un bebé sin sorprenderme de nada, aburrido gris, serio y mustio ante “los cinco lobitos” que me hace mi mamá, o simplemente agachadito en un rincón de la clase, diciéndome para mí: "vaya pérdida de tiempo, todas estas tonterías ya me las se”, y así hasta que llegase el día en que soy engañado, o el día en que meto la pata y me equivoco, porque entonces no estaré preparado, y volverá a sorprenderme la vida.

No se trata de un nacimiento físico sino en el espíritu. Tenemos que ir renovando nuestra psiqué continuamente, revisando en una introspección profunda cómo me presento ante los demás; y si ante el espejo que conforman los prójimos al comunicarse con nosotros he producido un rechazo o, si por el contrario, ese espejo se ha abierto y nos ha cedido el paso a su interior, formando un lazo de unión, amistad y convergencia fundamentales para seguir creciendo.

Hay que salir de “la guardería” para reconocer que nuestros fallos y equivocaciones son productos de nuestra limitación como existir temporalmente. Un indicador de este avance en nuestra madurez es que no nos excusamos por haber hecho algo mal, o no desviamos la culpabilidad hacia otros, seguro que más inocentes que nosotros. Al contrario nos ruborizamos, pero no nos humillamos, sino que nos aceptamos como protagonistas de unos hechos realizados con toda nuestra conciencia, reconociéndonos en nuestros propios actos.

Lo anterior no es una reflexión en vano. Con frecuencia la forma que tenemos de pasar de la niñez a ser adulto es forzar el mal que nuestros históricos han realizado. ¿Si esto lo hicieron nuestros predecesores, por qué no lo voy a hacer yo? No pretendo superar aquellos hechos, y volvemos a frenar en seco nuestra evolución como ser humano.

Para justificarnos los disfrazamos de fidelidad a nuestros antepasados, a los nuestros caídos por una causa u otra. Así tendría sentido que lo que se entregó a la tierra como integrante de la misma, sea buscado para justificar nuestro desacuerdo con los que no piensan como yo. De tal forma que los antepasados islámicos podrían reivindicar desde el “Al andalus” hasta la cueva de Covadonga, y así solamente existirá un solo español auténtico, Don Pelayo.

A esto lo “llaman memoria histórica”, vaya frustración. Ahora resulta que para ser un ciudadano con sentido patriótico tienes que hurgar en los camposantos de pueblos olvidados o en los osarios de ermitas recónditas, para ver si logras hacerte con unos pocos huesos que tengan tu mismo ADN, y así justificar que tu historia ya estaba sentada a la izquierda o la derecha de la cámara de diputados.

Para cuándo dejamos nuestra evolución de la razón. Dónde se ha hecho adulto nuestro espíritu. Seguimos siendo niños. Nos equivocamos y no lo admitimos. Por eso nos pasamos el día discutiendo. Mientras, el Universo evoluciona, el Mundo entero se nos escapa de nuestras manos. Tenemos que volver a nacer, pero cada día. Pasar al otro lado. Darle la vuelta al libro y leerlo del revés, a ver si de una vez nos enteramos de que debemos de estar aquí para algo, y parece que todavía estamos de paso.

8 comentarios:

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Te respondo con un poema atribuido (según leo erróneamente a Borges) pero que podría, en cierta medida, contestar tus planteamientos. Pudieran ser de una poetisa norteamericana algo desconocida llamada Nadine Stair, pero qué más da, el origen es lo de menos mientras costeste nuestras súplicas. Al final todos somos desconocidos.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo

A mi modo de ver, viene a decir en definitiva, quedarnos con la esencia, con el alma de las cosas, hasta las más insgnificantes, quedarnos con la psique que tú mencionas, siempre. Exprimirnos en vida para ver después, y quizá así, en ese viaje, ir volviéndonos más hacia nosotros mismos, porque si llegamos a comprendernos, comprendemos al resto. Todo es equilibrio.
Nunca dejamos de ser niños. Nacemos día tras día, porque nunca nada es igual.

Y que cuando utilicemos esa frase hecha de “Si volviera a nacer, con la experiencia que tengo” no sea para rectificar, o arrepentirnos de algo que hicimos, sino para ratificar nuestro camino, directo, seguro, el correcto, el camino de la psique. Si volviera a nacer, haría exactamente lo que hice en vida... pero eso, es falacia.
Un abrazo

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

perdón por la extensión... madre mía

Domadora de Elefantes dijo...

Había oído ese poema (una vez incluso utilizaron un fragmento para un anuncio, creo) y siempre me ha parecido muy hermoso. Sobre todo porque va en contra de ese perfeccionismo gris que algunos desearían si volvieran a nacer. No sabía que pudiera ser de Nadine Stair, es verdad que siempre lo había oído atribuir a Borges y que su esposa lo desmintió un día en una conferencia. Siempre se aprende algo.

Rafa, la memoria debe existir para saber dónde están las piedras y no tropezar de nuevo con ellas, pero no para buscarlas y mostrarlas como signo de oprobio u orgullo.

Isa dijo...

En este instante de mi vida en el que parece que todas las decisiones laborales que he tomado las he equivocado tu reflexión, como si me la hubieras hecho sólo a mi,me hace pensar que todo no es totalmente acertado o totalmente erróne. Lo mejor que he hecho (y haré) en está vida han sido mis hijas y de ellas jamás pienso que son errores, a veces sí pienso qué hubiera sido de mi vida si no las hubiera tenido tan pronto, ¿habría vivido más cosas?, quizá sí pero cuando me muera habré estado con ellas más tiempo y habré disfrutado más tiempo de sus sonrisas que es lo mejor de este mundo. ¿De verdad me he equivocado con mi trabajo?, ¿he vendido mi carrera profesional al mejor postor?, al fin y al cabo trabajo para ganar dinero, pero... ¿sólo por y para eso?, creo que me dejé deslumbrar por el dios dinero pero a lo mejor no ha sido del todo equivocado, he aprendido y vivido muchas cosas, la relación con mi marido ha madurado y mis niñas han aprendido a echarme de menos, sombre mis papis... nada nuevo, como siempre, NUNCA ME FALLAN no era una prueba pero ellos (vosotros,tú y mamá) siempre apoyándome. En fin, no sé que pasará o qué voy a ir errando en mi vida pero creo que no sólo se aprende de las decisiones poco acertadas, sino que van formando nuestra persona.
Un beso grande.
Te quiero.

lamari dijo...

Hoy hablé con la domadora de elefantes de tí, y me reveló la noticia de tu blog... aún no he tenido tiempo de leer todas las entradas, pero te informo de que ya cuentas con una lectora asidua.

lamari dijo...

Hoy hablé con la domadora de elefantes de tí, y me reveló la noticia de tu blog... aún no he tenido tiempo de leer todas las entradas, pero te informo de que ya cuentas con una lectora asidua.

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Yo no tengo hijas, tampoco tengo hijos, pero sé -con toda la exactitud de la que soy capaz no
teniéndolos- que son algo así como la prolongación de nuestras manos, la extensión de nuestro
cuerpo, son la longitud de nuestras miradas, nuestras almas diminutas, nuestro gigante PROYECTO
futuro..., y sin emoción, no hay proyecto.
En cualquier caso, pienso que lo bueno de descubrirse en una equivocación que nos pille en vida
-no hablo de los hijos, no son equivocaciones, son diminutos seres idénticos a uno que a veces
llegan pronto, tarde o sencillamente no llegan-, es que aún hay tanto tiempo para retomarse a uno
mismo... y encerrar en un abrazo sólo aquello por lo que uno sería capaz de morir... A veces hay
que abrir bien los brazos para que caiga de todo en ellos, aunque más tarde haya que sacudirlos
para que rezuma esto que digo, lo importante, y aunque la vida parece corta y los días se
adelgacen, siempre es tan pronto para abrirlos...
Pido perdón si me meto en este diálogo –quizá, algo más personal.
En cualquier caso, yo hoy abro los brazos a todo

Rafa dijo...

Nuria el poema de J.L. Borges es un reflejo de alguien que ya está de vuelta en la vida, y logró encontrar,como tu bien dices, la esencia de la vida, y ya no entra en diatribas,sólo en añoranzas.
Qué bien entiendes los mensajes, da gusto comunicarse con gente tan capacitada.Gracias

Lamary, qué bien que me hayas localizado, siempre entraba en tu alog como a hurtadillas, sin querer estorbar con mi presencia, avergonzado, sois tan jóvenes todos que quizás no esté a vuestra altura, pero os quiero. Ya sabes cómo os seguí desde vuestra formación universitaria, y a través de la amistad con Gracia.
Espero que de vez en cuando me visites en mi blog, y me des noticias tuyas. Yo te sigo en tu blog y me lo paso redondo. Te envío mis señas, se que no se dice así,pero me gusta mas qeu URL.