miércoles, 21 de mayo de 2008

HACE DOS DIAS CUMPLI 95 AÑOS

Realmente ¿Cuántos años tenemos?, ¿cual es nuestra edad verdadera? Cada uno sabe que llega un día en el calendario que está señalado como el recuerdo de su aterrizaje natural en el mundo, y ese día se tiene como la fecha inicial en nuestro paseo histórico por la tierra. Pero es esto realmente cierto, o tendríamos que mirar más atrás.

El hecho es que en todas las biografías tenidas como cánones, no han de faltar los consabidos árboles genealógicos, donde la línea paterna o materna son tenidas muy en cuenta, porque las diferentes ramas genealógicas suponen muchas veces movimientos históricos fundamentales, uno de ellos es que incluso hay pueblos que todavía esperan al nacido de la tribu de la casa de David, que les salve, el “Mesías” redentor, como es el caso del pueblo judío.

Pero yo no voy tan lejos; en mi mismo, en mi pequeña biografía, el vientre que me engendró tuvo su llegada a este mundo el 19 de mayo de 1913, cuatro años y seis días antes de las apariciones marianas en Cova do Iria. No se si sería un ángel de aquella cohorte, o si apenas se rozó con ellos en ese advenimiento, lo que sí sé, es que desde que tengo memoria ese ser nacido era mi madre en la Tierra, su verdad y su dulzura aún la conservo, y en realidad ya en ella aquellos genes que me sustentan estaban en vida, por eso no sé en realidad cuántos años tengo.

Es verdad que era mi madre de carne y huesos mortales, no era lo que se dice una santa, pero para mi fue el mejor alimento que tomé, su vida siempre corrió por mi vida, como corría la vida de su madre en la suya, y así hacia atrás ¿desde donde? El resultado histórico de mi yo actual, es que en mi propia vida convergente también la vida de mi padre. ¡Caramba qué viejo soy!, y cuánta historia tengo. Lástima no haber sabido, o que no me hubieran contado esto antes, y hoy entiendo mucho más a los arqueólogos e historiadores.

Entendería mucho mejor mi relación con los otros seres pasados, presentes y futuros de este mundo. Lloraría más sus males y me alegraría de sus felicidades, pero ¡Ay qué mala es la envidia entre los hermanos! Si yo quiero a todos, pero no puedo, “es superior a mi” amar o demostrar mis sentimientos con tal o cual persona (“hermanas o hermanos”), no tengo la culpa o no soy responsable de su dolor o su miseria…
¿De verdad podemos pensarlo así? Abro desde aquí una dialéctica imprevisible, con todo aquel que pase por delante de la puerta de mi cueva.

7 comentarios:

Domadora de Elefantes dijo...

Tienes razón. Yo también he cumplido 95 años contigo porque pertenezco al mismo árbol de raíces tan profundas que se pierden en el tiempo y la memoria. Pero nos olvidamos. Es muy difícil comprender que en el fondo todos estamos anclados a la misma tierra y somos hermanos, porque ni entre las ramas más cercanas tenemos paz siempre. Tú lo sabes, a veces lo material nos desvía de la sangre. Me he emocionado leyéndote, y eso que voy a toda prisa (como siempre).

Domadora de Elefantes dijo...

Por cierto, además habría sido su santo el domingo pasado. Yo también la echo de menos (a los dos)

Nuria dijo...

Ay la luz y sus innumerables símbolos... Hablas de tu ascendiente más cercano y yo el otro día sin ir más lejos me desperté y me levanté con un ánimo azul y unas manos azules llenas de recuerdos. Había soñado con mi abuela. A veces tengo la certeza de que es mi abuela la que en una determinada hora de la vida, decide asomarse a la sima de mi sueño. Y siempre que la sueño, o mejor dicho, siempre que ella me sueña, me levanto con un ánimo nuevo, un estado que no reconozco donde la nitidez de un recuerdo expande mi latido justo cuando más arrebujado está en mi corazón. Realmente nunca recuerdo los sueños, sólo sé que me ha visitado y me ha dejado su raza en mi estancia, es como cuando una sueña que ha volado, a la mañana siguiente sólo le queda el recuerdo de qué sintió su cuerpo en el vuelo pero tan incapaz de describir cómo se lanzó al aire... Ella, con su antigua figura fina tan onírica ya, su cabello blanco pero hermoso, y sus palabras quedas, como cuando decía "El sol es vida", saca lo mejor que hay en mí. Ay todo el mundo tendría que haberla conocido, era hermosa como Electra, siempre fue mi orgullo. Me entristeció profundamente su pérdida, pero no egoístamente, sino porque era totalente consciente del alma que se iba del mundo. A veces este mundo parece limitado, que no pueda coincidir con personas tan bellas interior y exteriormente como ella, y probablemente con tu madre y la suya… esa celebración debería compartirse con el resto del mundo. Qué curioso, lo pienso y su aparición en mis sueños convive con algún sentimiento de escepticismo no sólo mío sino del resto del Mundo. Y siento que viene sencillamente a avisarme, a recordarme que no decaiga por este escepticismo humano. Cuando algo en mí quiebra, humanamente hablando, ella aparece en mi mundo más personal para recordarme que relamente existen los buenos sentimientos. Si hoy por hoy creo en las personas es porque en ella logré descubrir la bondad aunque también la disciplina en un ser humano. Aún hoy, las lágrimas que a veces la homenajean son lo mejor que me ha pasado, todo un festín digno de celebrar. Enhorabuena por tu recuerdo que me ha traído a su vez mi recuerdo. Hace ya 95 años que desapareció de este mundo y entre mis huesos aún me queda eso, su raza.

Nuria dijo...

...perdón, pido disculpas en nombre de mis manos, son unas desenfrenadas.

frid dijo...

Te he enlazado con "mi pecera"... pero te diré que "yo siento como un gozo el perdón"... sí, es un experimento que desarruga el ceño y que retorna en juventud... e incluso que hace posible la convivencia.

Cuando más pequeño es el mundo más necesario es el perdón... porque ese rescoldo en mundos pequeños es"la sangre de Caín" si no se apaga a tiempo.

Hay pequeñas miserias que no valen la pena aguar aguar una amistad... y conocida la persona, no vale la pena pedirle lo que no pueda dar.

Es un arte difícil ese de la convivencia. Si sumamos tus raices y las raices de tus raices y así hasta el principio sólo te diría ¡hermano, si tenemos la misma madre! y esa primera madre: ¿no querrá que nos queramos?

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Muy buenas!!! Te dejo un saludo y que sepas que ya me paso por aquí. Gracias por visitar mi Blog. Un abrazo, Paco Peña

Isa dijo...

Mi Celia recuerda a sus bisis Trini y Rafa sin haberlos conocido, siempre dice "qué buena mi bisi Trini!" y la verdad es que puede ser que sea porque forma un trocito pequeño de ella.
La última vez que le he cortado el pelo (hace 2 semanas) un pensamiento que me vino a la cabeza es lo que le gustaría a la abuela Trini verla con el pelo así y luego recordé que no le dió tiempo a conocerla en vida auque yo estoy segura de qué las ve ( a las 2)desde el cielo y está tan orgullosa de ellas como si estuviera en la tierra o quizá más porque desde allí ve con el alma y con la razón infinita de Dios.
Al abuelo también lo recuerda Celia en el momento de las cosquis... en fin que desde luego siguen estando aquí, lo duro en no verles, no besarles, no tocarles...
Un besito enorme.
Te quiero.