viernes, 9 de mayo de 2008

MODERNOS ESCARABAJOS PELOTEROS



Siempre pensé que todo lo que empieza, por lo que tiene de incógnita y novedad es algo muy atractivo para el ser humano. Todo el futuro en un interrogante, da un sentido de vértigo absoluto, y abre en el espíritu el ansia por saber, la pasión por lo desconocido.

Adentrarse en una cueva o investigar lo profundo de una sima o la oscuridad del mar, produce en el hombre un torbellino mareante e la boca del estómago, es la llamada del riesgo o la aventura por el descubrimiento. El cuento de Alí Baba tenía mi infancia sobrecogida por aquello de “ábrete sésamo”, que nos posibilitaba la entrada en lo desconocido de la montaña mágica y llena de futuros tesoros.

Tal vez por eso quedé sorprendido el otro día cuando oí por la radio que se habían subastado dos excrementos arqueológicos de dinosaurio, y por un valor muy grande. Mis oídos todavía se resienten de la sorpresa, es todo lo contrario de lo que pensaba anteriormente. Los excrementos son la señal de lo definitivamente acabado, el fin de un ciclo. Si lo pisamos en las aceras de nuestras modernas ciudades, un ¡¡vaya he pisado una mierda!! , es lo primero que exclamamos, y nos apresuramos a restregar nuestro zapato para desprendernos de algo que es inservible, huele mal y deja su huella de finitud, de límite absoluto, ¡ya no hay futuro!

La reflexión me vuelve a meter de lleno en un torbellino, porque si me atengo al diccionario, los excrementos son lo último, el final, no hay salida, es lo escatológico, lo postrimero, la ultratumba. Ya estoy otra vez en la oscuridad más absoluta, el vértigo y la nausea.

Será por eso que cada vez que el hombre se aproxima más a su soberbia, se cree más poderoso, usa más de este vocablo; porque en los medios de comunicación los que aparecen hablando lo utilizan muy a menudo, o te envían hacia ese final en cuanto te descuidas: ¡vete a la mierda!, o ¡me importa una mierda!

Por eso me espanta el círculo, la pregunta es: ¿se trata de un principio o de un final? Si principio, es algo maravilloso, el escarabajo pelotero hace de ello su vida, rodando su bola de excrementos dando alimento a su prole. Como Sísifo, al que le iba la vida por alcanzar la cima con su bola de penitente del averno. Pero si es final, solamente queda dar el salto y no pisar las heces para superar la ultratumba y romper la cúpula para ver si el sol está a nuestra izquierda o a nuestra derecha y alcanzarlo con nuestras manos, e iluminar nuestra vida.

La mierda al fin se convertiría en trampolín en lugar de trampa, y las heces en principio fecundador de vida y así poder obtener más vida, con el apoyo de lo que fue anterior, y lo que supone de impulso.

¡Lo logré!, alcancé a comprender el valor de la mierda, y el por qué alguien pagó una fortuna, a lo mejor ya acabada, por un principio de futuro, que ¿quién sabe?, logra reiniciar una nueva vida en este paraíso decadente. A fin de cuentas nacer de esta forma lo hacía el ave Fenix.




5 comentarios:

Anónimo dijo...

eres la monda lironda y por eso te quiero tanto, me ha encantado tu reflexión sobre la mierda, que bien te explicas y que bien haces que lo entienda, muy bien y sigue con tus comentarios. ¡¡que gran columnista estan perdiendo los periódicos!! peor para ellos, ellos se lo pierden

Domadora de Elefantes dijo...

Tantas veces el fin es el comienzo. Me viene a la cabeza ahora aquel famoso chiste de la metempsícosis. Tu reflexión, como siempre, está cargada de acentos y nos obliga a crear una filosofía propia. Me encanta mirar la vida con tus ojos para ver más allá de lo evidente.

Isa dijo...

Hice un comentario pero no lo habré mandado bien...!
Lo desconocido puede tener la tendencia de atraer pero a mí me gusta más lo cotidiano, lo diario, lo que no me genera estres y me deja vivir con tranquilidad.
La caca para mi no es un final sino solamente parte de la existencia, qué bichito no hace caca? creo que han pagado tan cara una caca porque es una prueba de que eso (el dinosaurio) ha existido.
Un besito. Te quiero

Nuria dijo...

Yo, a diferencia de Isa, me quedo en lo desconocido, y creo que en general, sentimos una atracción difícil de eludir hacia lo desconocido, porque nos mantiene vivos, por ese vértigo que excita. Lo desconocido siempre está pendiente de ser descubierto y cuando se descubre, entre una mezcla excitación y miedo, que no estrés, una siente el mérito de la vida en sus manos. Me gusta pensar que somos descubridores, de echo nadie conoce cómo transcurrirá su día siguiente y a pesar de ello nos lanzamos a él, el gran desconocido.
El mundo es tan concéntrico… que me pregunto si realmente existe un principio, un final, o todo gira y gira, como decía el tango, en este carrusel que es también nuestro cuerpo. Y si lo pensáis, el mecanismo de estos cuerpos nuestros también es concéntrico. Nada permanece, pero tampoco veo un principio o un final, es un mero rodar. Rueda la comida en nuestra garganta antes de ser tragada para ser tratada en un estómago también concéntrico y para más tarde ser "cagada" por un innombrable órgano que fíjate si es concéntrico y redondo y esférico… Nada permanece, se transforma. Tú lo has dicho, Rafa, el escarabajo pelotero hace de ello su vida, rodando y rodando su bola de excrementos que alimentarán más tarde a su prole. También lo hacen los pájaros comiendo su allimento para regurgitarlo más tarde y darlo cálido a sus locuaces crías. No conozco más sabiduría que la de la naturaleza. Y nosotros no estamos exentos de sus leyes. Somos una esfera, como la vida propiamente dicha. El alimento nuestro entra por un agujero considerado hasta erótico, la boca y sale de la manera más ingrata por otro más de nombre más infame. Aunque es cierto que una vez la "mierda" dibuja las aceras, ¿hacia dónde van? ¿Cuál es su siguiente ciclo? En fin, vaya diatriba Rafa. Parece que todo es una cuestión de concepto. Pero me quedo ahí, en que una y escatológica reflexión, como siempre, Rafa.

Nuria dijo...

...ya casi te he puesto cara. Por cierto, es precioso y preciado tu futuro. Un saludo